La madera. Material durable II

La elección del tipo de madera es básica en el contexto de su duración en el tiempo. Hay especies que presentan una durabilidad natural a ser atacadas por determinados agentes bióticos y abióticos. Otras son capaces de resistir el paso del tiempo bajo condiciones de humedad elevadas o incluso sumergidas. En una misma especie, la parte del duramen suele presentar una resistencia a los agentes degradadores muy superior que la parte de la albura. Esto se debe a que la madera del duramen, más antigua, presenta un menor contenido en sacáridos que, a la postre, son los nutrientes que atraen a los insectos.

La humedad es el gran enemigo de la perdurabilidad de la madera. En la mayoría de las especies de nuestro entorno, contenidos de humedad del orden del 18-20 %, propician el desarrollo de hongos de pudrición y de insectos con alto poder destructivo. Por este motivo resulta imprescindible evitar el empotramiento de vigas o jácenas en muros perimetrales o apoyos de pilares en el suelo. En el mismo contexto se debe propiciar la rápida evacuación del agua en caso de humectaciones ocasionales y, por descontado, evitar que se acumule el agua en puntos de encuentro o uniones de elementos.

humitat

Efectos de presencias continuas de humedad

pilar

Retenciones de agua en base de pilar

En la consciencia de intentar evitar la impregnación de la madera con biocidas i fungicidas con marcada toxicidad se han empezado a desarrollar otra línea de sistemas de protección conocidos como sistemas modificadores de la madera.

Estos métodos de protección, a diferencia de los expuestos, consisten en modificar químicamente la madera para evitar la acción de los xilófagos, alterando la estructura de la celulosa, la hemicelulosa y la lignina. Con esto se consigue que los xilófagos no puedan alimentarse con la madera y dejan de atacarla. Actualmente, y debido a la alteración de la estructura de la madera propiamente dicha, estos sistemas de tratamiento no son “a priori” aptos para su uso en estructuras portantes.

Dentro de esta gama de técnicas, libres al 100% de productos tóxicos, las más destacadas son el termotratamiento, la acetilación y la furfurilación.

Probablemente el termotratamiento es la técnica más conocida. La madera se somete a temperaturas de alrededor de los 190-210ºC, se torna más ligera y adquiere un color tostado característico. La madera termotratada se recomienda para interior y exterior en elementos no estructurales ya que las temperaturas alcanzadas parecen menguar las capacidades mecánicas de la madera en porcentajes muy significativos.

La acetilación es un método de transformación química de la madera mediante autoclave en el que los componentes de los grupos hidroxilo se sustituyen por grupos acetilo. La madera se torna menos higroscópica, más estable y resistente a los rayos ultravioleta; presenta un ligero olor característico a vinagre. Envejecimientos acelerados sitúan la durabilidad de la madera así modificada en 25 años en contacto con la tierra y en 50 años al exterior en el aire.

La furfurilación es un método muy parecido a la acetilación con la diferencia que, en lugar de emplearse anhidrido acético, como en el caso de la madera acetilada, se emplea alcohol furfurílico derivado de la caña de azúcar. El tratamiento a presión y temperatura torna la madera más pesada, dura, estable y durable. En el proceso de furfurilación esencialmente se modifica la lignina.

En este contexto, también podría incluirse la variación occidental de la ancestral técnica japonesa del “Shou-Sugi-Ban” consistente en carbonizar mediante llama directa 3-4 mm de la superficie de la madera, apagar con agua y, posteriormente, cepillar la cara carbonizada y aplicar un aceite natural de protección. Con esta técnica se evita la acción de los UV, mejora la resistencia a la intemperie con bajo mantenimiento y la hace resistente a la acción de los xilófagos habituales.

La madera, juntamente con la piedra y el barro, es el material de construcción más antiguo del planeta. Es un material natural, noble, fiable, previsible, durable y reciclable. Ante la pregunta habitual de: ¿Cuál es el mejor tratamiento de la madera? La respuesta es sencilla: No tratarla. La elección de la especie adecuada a cada uso y la adopción de un sistema constructivo que evite su contacto con la humedad, son la mayor garantía de su durabilidad.

Carles Labèrnia Badia

 

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