Tras seguir durante un tiempo el debate sobre el tema de las afecciones (o inocuidad) de las radiaciones sobre la salud humana, me veo obligado a aportar mi “granito de arena”. Que sirva este post para cumplir la promesa hecha en el anterior…

Dos bandos opuestos y una sociedad mayoritariamente indiferente

Si bien los problemas de salud aumentan año tras año, la mayor parte de la sociedad se siente abrumada ante tanta advertencia; “es que todo es malo…”, “si nos ponemos así, no podríamos hacer nada”, a la vez que dependiente de una continua conexión, “papá, ¿es que aquí no hay wifi?”…
En este contexto, dos posturas públicas e irreconciliables, quienes defienden la inocuidad de las radiaciones en la salud y quienes alertan de los riesgos para la salud de las radiaciones… ¿?
(os advierto que no pretendo ser imparcial; estoy en el segundo grupo)

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DONDE VIVIMOS HOY

Las ciudades se han ido convirtiendo en los últimos 200 años en las grandes concentradoras de población y actividad económica, llevando a muchas familias a dejar su modo de vida tradicional enraizado con la tierra. Este desplazamiento migratorio, además del progresivo abandono de las áreas rurales implica una creciente necesidad de viviendas en las zonas urbanas.

La Meridiana o Bellvitge en Barcelona, Vallecas, Ciudad Lineal o Carabanchel en Madrid, son ejemplos de barrios creados de la nada con pocas infraestructuras reales que creen sentimiento de comunidad y pertenencia.

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Hola de nuevo, después de un descanso estival toca “ponernos las pilas” y para ello no viene mal un repaso a la instalación eléctrica de los edificios.

En el anterior post hablamos fundamentalmente de la red equipotencial, pero también señalamos que una buena conexión equipotencial no es suficiente para garantizar un hábitat saludable y la reducción del campo eléctrico originado en la instalación eléctrica.

Para ello, una vez se ha establecido la equipotencialidad de todo el edificio, el siguiente paso sería la puesta a tierra.

Y ¿en qué consiste la puesta a tierra?

Según el REBT-GUÍA-BT-18 (INSTALACIONES DE PUESTA A TIERRA):

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Mi móvil se ha estropeado… lo he tenido que enviar al “taller”. Como dicen los antidesarrollistas, “la tecnología siempre se avería”, así que menos mal que sólo es un móvil y no una central nuclear.
Rebuscando la garantía, me topé con este pequeño manual de instrucciones.

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En anteriores posts del compañero Tomás Pérez Manrique ya se ha tratado con detalle la toma de tierra e incluso se ha ilustrado con experiencias prácticas.

El objeto de estos artículos sería relacionar la toma de tierra con el concepto de equipotencial, analizando sus diferencias y cómo actúan conjuntamente a la hora de reducir los campos eléctricos originados en la instalación eléctrica de los edificios.

Para ello, antes de “meternos en harina” me gustaría introducir unos cuantos términos.

El primero es el de campo eléctrico. La manera de entender este concepto es imaginar una carga puntual con una carga “q” sobre la que otra carga dada ejerce una fuerza. Podríamos considerar que esa fuerza es como una fuerza de “acción a distancia”, esto es, como una fuerza que actúa a través del espacio vacío sin necesidad de ningún medio material (como una cuerda o una barra) para transmitirse a través del espacio.

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